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domingo, 25 de diciembre de 2011

Dulces reflexiones y Feliz Navidad

Esta será mi primera publicación y aportación a este blog (y espero que no la última). Para ello elegí un tema un poco profundo, a pesar de que no suelo tocar este tipo de temas. La semana pasada acudí a un congreso a Sevilla, donde realicé numerosas actividades y recibí gran cantidad de charlas. Entre todas ellas hubo una que me pareció muy interesante, ya que consiguió que pensara y reflexionara durante un rato.
Esa charla comenzó con un simple cuento, una fábula como otra cualquiera, y que decía así:
Iba un día un granjero andando por el bosque cuando se encontró con un huevo tirado en el suelo. Dicho huevo era de águila, pero a él no le importó, y lo cogió igualmente para llevarlo a su granja. Allí lo dejó en el gallinero con la finalidad de que las gallinas lo incubaran y que fuera criado como un pollito más. Y así fue, durante años el aguilucho se comportó como una gallina más: escarbaba en la tierra buscando insectos y gusanos, cacareaba, y hasta sacudía sus alas para volar unos metros por el aire, imitando el vuelo del resto de gallinas que lo rodeaban.
Un buen día, el granjero recibió la visita de un naturalista. Al pasar por el jardín se encontró con aquel panorama: un águila comportándose como una gallina más. Entonces decidió preguntarle al granjero:
- Perdona pero, ¿ese animal del medio de tus gallinas es un águila, como la tienes ahí?
A lo que el granjero respondió:
- Un día encontré un huevo, y lo traje para el gallinero para que fuera incubado y criado como una gallina más. Y ahora ya ves, es una gallina más de mi corral.
El naturalista respondió a esto con un rotundo:
- ¡NO! El águila es y será siempre un águila, no una gallina. Tiene el corazón de un águila y esto hará que vuele algún día como otra de su especie.
El granjero por su parte seguía seguro de que no podría volar, y que era una gallina más de su corral. Así pues, decidieron hacer una apuesta, y fueron a una montaña para soltar el águila.
Una vez llegados a la montaña, el naturalista cogió al águila, la sostuvo firmemente con sus brazos extendidos en dirección al barranco, y le gritó:
- Ya que tu eres un águila, vuela como una más de tu especie. Tu perteneces al cielo, y no a la tierra como una gallina.
Entonces la arrojó al barranco con la esperanza de que volara…
Y ahora es cuando viene el momento de pensar:
¿Creeis que finalmente voló o no?¿Se daría cuenta de que era un águila, o en su mente seguiría la idea de que era una simple gallina?
Cada uno que le ponga el final que quiera a este cuento. Los habrá que crean que el águila nunca más volvió a mirar al cielo y murió creyendo que era una simple gallina de corral, y los que crean que abrió las alas y voló como el águila que era, para nunca volver.
Este cuento nos enseña la fuerza de la mente y de los pensamientos. Tu cerebro será el que imponga el límite a tus actos y tus sueños, tus miedos, tus valores… Si crees que puedes, ¡lo harás!
Yo os recomiendo a todos que abráis vuestras alas y echéis a volar. No os conforméis con picotear los granos de maíz que os arrojan a los pies, porque valéis para algo más que eso.
Si tenéis un sueño, luchad por él!
Acertijo: Hay seis ranas encima de una piedra situada en el medio de un estanque. Una de ellas decide tirarse al agua. ¿Cuántas quedan en la piedra?
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Seis, porque decidir no es hacer...

Por Borja Seijo

4 comentarios:

Marcos Pantani dijo...

Felicidades por tu 1ª entrada Borja!!! Nos brindas como obsequio un gran ejercicio de pensamiento, el que nunca está de más, sin duda. Me enorgullece ver cómo te has decidido a deleitarnos con tus reflexiones, las cuales siempre son bienvenidas. Y como tú dices, espero que no sean las últimas. Te animo a que sigas por este camino.

Aún así, me gustaría poner un contrapunto. Me gustaría hacer hincapié en que a pesar de que la reflexión es muy válida para nosotros, los miembros de la raza humana, en este caso es difícil entrar en comparaciones con los animales puesto que su dispositivo de supervivencia se guía más en su instinto y llevan en los genes hacer finalmente lo propio de su especie. Eso sí, pueden adquirir, como bien señalas aquí, lo necesario para llegar a empatizar con otros animales semejantes a ellos mismos y cambiar algunas de sus maneras de proceder en base a su memoria y el apego que doy por hecho que algunas especies tienen.

Pero nada, que me lio en vanalidades. Muy buena la entrada y el acertijo. Y bienvenido a esta humilde familia que espero suponga este pequeño rincón de la web.

Un abrazo ;)

Marcos Pantani dijo...

Bueno, creo que no he dejado del todo claro que yo doy por hecho que el águila ha volado por ello quería ratificarlo en esta segunda mensaje. Está en su genética el volar, por mucho que picoteara como una gallina más. Aunque como he dejado entrever también, el águila por sí sola llegada a una edad adulta se vería empujada a ello. Está programada así por naturaleza. En caso del ser humano es diferente.
Pero eso, que no me quiero ir por las ramas que si no me sucedería como en el comentario anterior.

;)

Óscar Gartei dijo...

Yo soy de los que piensan que el águila sería capaz de volar, al igual que la primera vez que los polluelos se tiran del nido para aprender. El caso es que es cierto, primero hace falta el valor para saltar y no tener miedo de los límites, ni de los obstáculos o las dificultades.

Dicho de otro modo, cuanto más cuesta arriba se ponga la vida, más tenemos que pedalear.

Un saludo.

Marcos Pantani dijo...

Buena metáfora Elemento Cero. Además con una que me encanta como bien sabes ;)

 
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